18 agosto 2006

Urna blanca

No cabe duda que el gobierno más permisivo de la historia venezolana ha sido el de Chávez.



Por: Marciano

* A LOS bolivarianos, si no se avispan, los van a enterrar en urna blanca. No cabe duda que el gobierno más permisivo de la historia venezolana ha sido el de Chávez. El presidente no tiene vocación represiva. No tiene el implacable odio ideológico que llevó a Betancourt a arremeter contra la izquierda a comienzos de la etapa democrática, con el solapado propósito de ganarse el respaldo de los Estados Unidos. Ni está poseído por la sordidez asesina de un Carlos Andrés Pérez. O la taimada conducta de un Raúl Leoni, precursor de la figura del desaparecido en América Latina. Y mucho menos la agresividad contra el adversario, envuelta en guante de seda, de Rafael Caldera. Tampoco de la irresponsable posición de un Herrera Campíns o un Lusinchi, en cuyos gobiernos fueron consumadas las masacres de Cantaura y de Yumare, Caño Las Coloradas.

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* CONTRA CHÁVEZ ha habido todo tipo de conspiraciones, intentos por derrocarlo o atentar contra su vida, sin que la represión se haya desmadrado. Sin que esos hechos sirvieran de pretextos para arremeter contra los derechos ciudadanos. La conspiración avanzó en el 2001 con absoluta impunidad.

Se incrementó en el 2002 sin una respuesta contundente del Estado, y se soltó el moño el 11 de abril. La lenidad con que el gobierno asumió el grave atentado contra la Constitución, estimuló a una oposición irracionalizada que, de inmediato, intentó otra aventura: el sabotaje de la industria petrolera. Luego, en la desesperación, vendrían el guarimbazo y las acciones terroristas.

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* LA REACCIÓN ante esos desmanes, que en cualquier otro país habrían activado los resortes de seguridad del Estado, no se sintió. En vez de la justicia privó la impunidad. Los golpistas, los terroristas, los conspiradores, se protegieron cómodamente con el Estado de derecho, el mismo que reiteradamente violaron y querían destruir. Una oposición inepta, sin banderas, discurso ni liderazgo, ha estimulado al triunfalismo de los bolivarianos. Ha servido para desdeñar al enemigo verdadero, al auténtico peligro, que no es precisamente esa oposición de utilería, repudiada por el pueblo, sino lo que está detrás de ella: todo el poder del imperio, y un sector opositor que, lejos de asimilar la lección de las sucesivas derrotas, se aferra a la aventura y convierte la abstención en recurso para reactivar la desestabilización.

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* LA CONSPIRACIÓN está en marcha. El proceso electoral es el escenario escogido, no para debatir ideas sino para repetir aventuras como las de los años 2002-03. Este cronista está convencido que Chávez está consciente de lo que ocurre y conoce lo que se planea. Pero tengo dudas que esa preocupación presidencial sea interiorizada por otros niveles del gobierno y que la metáfora de la urna blanca sea subestimada.-


¡SON DIEZ!
MILLONES LOS QUE LES VAMOS A METER
¡SON DIEZ!


2 comentarios:

  1. Manuel Brito9:55 a.m.

    No estoy seguro quien empezo el pregon que identifica a Marciano como Jose Vicente Rangel. He leido en varias oportunidades a TRipartito Petkoff (para los que no se acuerdan del occiso, un tipo que estuvo jugando a ser de izquierda toda su vida hasta que le llego su 12 de Abril) afirmar que Jose Vicente firma como Marciano. No hay rollo!!! No es asunto de matar al mensajero. El mensaje es bueno, es contundente y lo reitera -que a las buenas almas hay que hablarles golpeao, repetido y con dibujitos-.

    El enemigo es el imperio. Las doñitas del Este (dicho sin distingo de genero), es decir lo que queda de oposicion, son apenas la franquicia de una marca registrada que ha destruido pueblos y paises. Hacer guasa con ellos ayuda a estar alerta. Hacer negocios con el imperio es util para neutralizarlo, pero olvidarse que es ese el enemigo, y que esta al acecho es, por decir lo menos..., lo menos.

    Llueve sobre emparamado, que algo queda...

    Manuel Brito

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  2. Martín Guédez9:57 a.m.

    Exactamente hermano... ese es el enemigo y no estos payasos... lamentablemente logran que nos distraigamos..

    Un abrazo, Manuel

    Martín

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